A mi país… Venezuela

Sinceramente desde hace un tiempo había decidido no publicar nada con respecto a tu realidad por digamos lo así, “curarme en salud”, pero es que de alguna forma hay que drenar la arrechera (molestia), y es inevitable no hacer frente ante tanto abuso que se vive por parte de las fuerzas que hoy te gobiernan, particularmente creo que cada uno debe defenderte con las herramientas que hoy tenga a disposición. 

Cuando algún extranjero me pregunta cómo está tu situación, yo solo respondo MAL, pero la verdad detrás de esa palabrita se esconde un gran desabastecimiento de medicinas y alimentos, una inflación desbordada, una ola de delincuencia desatada (según el Observatorio Venezolano de Violencia la cifra de asesinatos en 2016 fue de 28.478), el silencio en los medios de comunicación, ya que el gobierno censura a todo aquel que se atreve a contar la verdad, así como en 2007 lo hizo con RCTV (uno de los principales canales de televisión nacional) hoy se repite la historia al sacar del aire la señal de CNN en Español. No se puede resumir, el hambre, pobreza, inseguridad y una terrible dictadura son tu verdad. 

En principio, parece fácil de explicar el contexto con palabras pero el caos va más allá de eso, cuando ves como las personas durante horas y horas hacen milenarias colas para adquirir un producto, cuando vas a un hospital y te piden que lleves los insumos para poder atenderte, porque los hospitales se encuentran en estado deplorable, cuando durante más de un año una comunidad de La Victoria (mi ciudad natal) se mantiene sin agua y nadie responde por eso, cuando la mayoría de las personas no tiene que comer porque su sueldo no le alcanza, cuando diariamente se vive con miedo porque hay una criminalidad desbordada… Cuando sencillamente no existe calidad de vida. 

Venezuela te han convertido en un país donde solo hay dos posibles reacciones: aguantar o irse, yo admiro a quien se queda, porque si, se requiere de mucho coraje para sobrevivir en ese desastre, y admiro a quien se va, porque se requiere el doble de coraje para cruzar tus fronteras sin fecha de regreso, porque aunque el centro de tu vida este allá, tu familia y amigos, una vez que te acostumbras a la normalidad se te hace difícil volver, porque el miedo es mayor, el miedo a regresar y que te pase algo, el miedo a encontrarte peor que cuando te fuiste. 

No soy una persona de muchos amigos pero cuando era pequeña soñaba con tener amigos en todo el mundo para poder visitarlos, hoy eso se ha convertido en realidad y no porque conozca personas en todas partes, sino porque prácticamente ya no tengo ninguno en Venezuela, la mayoría de mis amigos han tenido que como yo, salir huyendo de allá.

Venezuela tú eras todo, el país de la gente alegre, el calor humano, los despertares con olor a guayoyo (café), las hermosas playas con sabrosura del caribe, paisajes increíbles y un montón de turistas que encantados querían descubrirte, un país de gente amable y trabajadora y un sinfín de cosas más, hoy en cambio, eres el lugar de las partidas, de los “no sé cuándo pueda venir”, de los padres con hijos en el extranjero, hijos con padre viviendo afuera, abuelos sin nietos, hermanos separados, tías sin sobrinos, noviazgos terminados por la distancia... Puras familias fracturadas es lo que van quedado en ti. No hay nada menos cierto que cuando dicen que uno se va y te va olvidando, porque aunque a miles de kilómetros me encuentro lejos de ti, creo que en cada parte del mundo donde haya un venezolano hay un poquito de ti pero toda tú estás en nuestro corazón. Todos te extrañamos, los que estamos fuera porque no sabes lo difícil que es emprender una vida fuera de tus fronteras y también los que aún siguen allí, añorando que vuelvas a ser la de antes.


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